Cada cultura posee su manera singular de rendir tributo a quienes han fallecido. Aunque el entierro es quizás la práctica más comúnmente reconocida, en el cual los cuerpos son depositados en la tierra, la variedad de cementerios es tan rica y diversa como las creencias que los crearon. Existe un camposanto que se destaca en particular: el Wadi Al-Salaam en Nayaf, Irak. Este «Valle de la Paz», como su nombre lo sugiere, es más que un simple cementerio; es una vasta ciudad de muertos que ocupa un increíble terreno de 601.1 hectáreas y alberga un estimado de más de 5 millones de cuerpos.

Foto: Xataka

Este fascinante camposanto, uno de los más importantes en la tradición islámica, lleva más de 1.400 años siendo escenario de inhumaciones, y su práctica ha permanecido sin cambios a lo largo de los siglos. El Wadi Al-Salaam es especialmente significativo para los seguidores de la fe chiíta, ya que se considera que las almas de los fieles, independientemente de dónde hayan sido enterradas originalmente, serán trasladadas aquí. El cementerio es una verdadera tapeztería arquitectónica; desde tumbas modestas hechas de ladrillo cocido y yeso, hasta opulentas criptas que albergan a múltiples miembros de una familia y figuras históricas notables.

Aunque la extensión del lugar es impresionante, lo que también lo distingue es su complicado laberinto de túneles y pasajes subterráneos que lo convirtieron en un enclave estratégico durante la guerra de Irak en 2003. A pesar de su estatus sagrado, no fue inmune al conflicto y sufrió daños significativos. Sin embargo, la vida y la muerte continúan su danza aquí: todos los días, entre 80 y 100 nuevos cuerpos se suman a este eterno reposo. Por su escala y su importancia religiosa y cultural, el Wadi Al-Salaam no es solo un lugar de descanso final; es un espejo de la historia y las tradiciones que lo han formado.

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