¿Te has preguntado alguna vez qué nos hace tan diferentes de nuestros parientes más cercanos, los chimpancés? Aunque compartimos el 98% de nuestro ADN con ellos, nuestras capacidades para crear arte, ciencia y tecnología son abrumadoramente distintas. Ahora, imagina una especie que esté 2% más avanzada que nosotros en la cadena genética. La posibilidad es escalofriante: ¿seríamos para ellos lo que los gusanos son para nosotros?

Cuando caminamos por la calle y nos cruzamos con un gusano, difícilmente reflexionamos sobre su nivel de inteligencia o nos planteamos entablar una conversación filosófica con él. Es una criatura demasiado «sencilla» para que eso cruce nuestra mente. En un escenario donde exista una especie 2% más avanzada que nosotros, es probable que nos consideren igual de primitivos. Al fin y al cabo, el gusano no tiene idea de que está siendo observado por un ser de inteligencia superior, del mismo modo que nosotros podríamos estar bajo el ojo escrutador de civilizaciones extraterrestres más avanzadas sin siquiera percatarnos.

Este pensamiento podría explicar uno de los grandes enigmas de la ciencia moderna: ¿por qué no hemos tenido contacto con civilizaciones alienígenas avanzadas? Tal vez ellos han puesto un pie en nuestro patio trasero cósmico, observado nuestro mundo y concluido que no vale la pena interactuar con nosotros. En resumen, tal vez no somos los prodigios del universo que creíamos ser. Y eso, más allá de inquietarnos, debería incitarnos a ser más humildes y abiertos a las maravillas aún no descubiertas que el cosmos podría tener reservadas.

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