Una vista aérea de Alcatraz (Buyenlarge/Getty Images)

La prisión de Alcatraz, conocida por su notoriedad y envidiable seguridad, fue el escenario de 14 increíbles intentos de escape protagonizados por 36 prisioneros. En esta ocasión, reviviremos dos de las huidas más sorprendentes que tuvieron lugar en el mismo año. El primer escape es notable por su astucia, cortesía de John Giles, un astuto ladrón de correos. Giles, trabajando en el muelle de Alcatraz y siendo encargado de la ropa militar para la lavandería, consiguió acumular el atuendo de un carcelero, instrumento que utilizaría en su eventual fuga. Logró mezclarse sin ser detectado entre los militares y abordar una barcaza hacia tierra firme. Poco después, fue apresado en Los Ángeles cuando los guardias notaran su ausencia durante el recuento. Fue capturado, pero su escape se le considera el más inteligente y pacífico.

Foto: Buyenlarge/Getty Images

Sólo nueve meses después, ocurre otro intento de escape que tomó lugar el 2 de mayo de 1946, liderado por Bernard Coy, un astuto asaltante de bancos de Kentucky, junto con sus compañeros Joseph Cretzer y Marvin Hubbard. Coy, después de largos años tras las barras, junto con Hubbard, descubrió una vulnerabilidad en los barrotes de una galería de armas. En un acto de suprema valentía, neutralizaron a un vigilante y, utilizando una barra extensora, doblaron los barrotes para poder atravesarlos. Coy, en un emocionante giro, logró desarmar a un guardia, marcando la primera vez que un recluso se armaba dentro de los muros de Alcatraz. El plan parecía sencillo: apoderarse de las armas, obtener las llaves y usar rehenes para facilitar su huida. Pero, un desliz en el procedimiento habitual de un guardia, al llevar las llaves en su bolsillo, hizo que el escape meticulosamente planeado se desvaneciera en la nada.

Foto: Buyenlarge/Getty Images

Durante este frenético escape, otros presos se unieron, y varios guardias fueron tomados como rehenes y brutalmente atacados. Coy, Hubbard y Cretzer, furiosos por el fracaso, desataron su ira sobre los guardias. La tensión creció durante 36 horas de caos en las que bombas de humo, gases lacrimógenos y un torrente de balas inundaron los pasillos de la prisión. Entre la confusión, algunos guardias resultaron heridos, y uno perdió la vida a causa del fuego cruzado. Lamentablemente, para estos reclusos sedientos de libertad, su audaz intento de escape culminó en tragedia, encontrando su fin entre los fríos muros de Alcatraz.

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